LIJIANG, CIUDAD PRETIBETANA

Aterrizamos en Lijian, ciudad situada al oeste de China a unas horas de la zona Tibetana bajo una fuerte lluvia y un frío de montaña y es que Lijiang se encuentra a 2500 metros de altitud y eso se nota. Rodeada de montañas, esta ciudad tiene su casco antiguo (la ciudad antigua) catalogado como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO desde el 97.
Lijiang es la capital de los Naxi, una etnia tibetana-birmana, aunque no se sabe muy bien de dónde provienen los Naxi eran un pueblo de pastores nómadas procedentes de la altiplanicie tibetana que emigraron hacia el sur. No veáis como bailan al caer la tarde muchos de ellos en la plaza central. Hacen un gran círculo, se cogen de las manos y a danzar y cantar como en antaño. Mira que me gusta ver in vivo antiguas costumbres que siguen vivas.
Lijiang mantiene una arquitectura singular y el conjunto de sus calles que no son pocas es digno de visitar. El parque del Dragón Negro en el que el estanque con su puente de mármol con la montaña de fondo y el palacio de la familia Mu Fu, son dos visitas que impresionan por su belleza pero más impresiona la subida a la Montaña del Dragón de Jade donde uno en un momento puede verse a unos 4600 metros sin enterarse gracias a los teleféricos que estos chinos ponen en cada montaña en la que se tiene que ver algo. Para ir a ella se puede contratar excursiones, eso no es problema en china, está plagada de CITS, agencias que te venden packs de tours de un día pero en ninguna de ellas hablan inglés ni sus viajes son contratados prácticamente por los pocos extranjeros que vienen sueltos. Nosotros decidimos tantear pero fue imposible entenderse en ninguna de ellas así que a lo leído en un blog de mochileros. Teníamos la opción como siempre de contratar un taxi para nosotros por un día pero como siempre esa opción quedaba descartada porque era la más cara. Apostamos por seguir los pasos de un mochilero que había descrito sus vivencias este mismo año 2014. Fuimos hasta la plaza de Mao, enfrente debían haber unas mini furgonetas azules con el número 7 que nos deberían llevar hasta la entrada a la montaña aunque antes debíamos esperar a ser unos 6 ó 7 para que el conductor emprendiera viaje, así que nos tocó esperar unos 40′ hasta que otros chinos turistas que habían dado con esta barata opción se unieron a nosotros.
Una vez allí, aquello era un cachondeo, se podía ir a ver unos 4 paisajes diferentes en la montaña y para cada uno de ellos debías coger un autobús X en un sitio X y sacar un ticket en un sitio X por lo cual hasta que nos ubicamos tela marinera, menos mal que al final una de los tantos y tantos trabajadores del lugar hablaba un poco inglés y nos consiguió explicar un poco qué debíamos hacer para ir a la parte más alta a ver el glaciar que era lo que más nos interesaba. Así que nada a pasar un frío… mucha gente alquilaba anoracs yo lo hubiera hecho, el precio no era nada alto pero el depósito que te pedían por si no lo devolvías… sí que lo era y no tenía tanto dinero encima así que para arriba. Nunca había estado tan alta con tan poca ropa. Otros muchos se compran en los mini supermercados o farmacias del pueblo o en las tropocientas tiendas que estos chinos te colocan en cada lugar que hay que visitar, botellas de oxígeno para ir inhalando a medida que ascienden los 150 metros verticales que puedes realizar una vez bajas del telesilla, eso sí que es digno de ver. Yo los veía y me reía mogollón. La cuestión que yo misma por querer subir todas las escaleras rápido me mareaba mucho pero paras unos segundos y arreglado a proseguir pero verles subir a ellos es algo de comedia.
El frío que hacía era de aupa pero nunca había visto un glaciar en lo alto de una montaña. Las bajas nubes y la niebla, causa de un mal día ya que nos estaba medio lloviendo… hizo que la sensación térmica fuera peor pero que es subir a 4600 metros en una montaña y no sentir eso?. Todo el mundo esperaba a que las nubes y niebla se moviesen para hacerse la foto con el blanco glaciar entre el gris de los picos de la roca de la montaña.
Después de pasar un rato de frío bajamos hasta los tres mil y pico y vimos un lago muy bonito en el Moon Valley y luego ya se fastidió todo, la lluvia se hizo muy fuerte y no pudimos ir a ver el Prado de los Yaks con lo bonitas que eran las fotos que había visto en internet, tendré que ver a estos animales en otro viaje.
Ya, durante nuestra ida, habíamos caído en la cuenta que al no haber ido por agencia ni con taxi privado, nuestro transporte solo era de ida, pero bueno, cuando llegase el momento ya nos apañaríamos y buscaríamos como volver pero ese momento llego, con esa lluvia no se podía hacer más que bajar a Lijiang, pero cómo. Llegamos sin saber cómo hasta la entrada pero allí estaba ya todo cerrado y la única trabajadora que encontramos no nos entendía nada de nada. Por suerte, en seguida pasó otra que creíamos que era también trabajadora, no entendía el inglés pero por lo menos hizo por entendernos, nos quería ayudar así que mediante gestos y el mapa llegamos a entender que nos esperásemos 30′ allí con ella que la venían a buscar y nos podíamos ir con ella. Estuvimos esperando con ella señalando en el mapa lo que habíamos visto y no, debajo de una casa de madera mientras que caía la del pulpo. Claramente sabíamos que tendríamos que pagarle nuestro pasaje a su taxista pero no costó mucho que nos lo dejara a lo mismo que nos había costado por la mañana, osea el transporte esta vez muy barato comparado con lo que nos podría haber salido.
Antes de cenar el día aclaro y salió el sol, un paseito por la ciudad antigua para notar el sol y enseguida teníamos a “Manolo” dándonos la murga. Manolo era un paisano que se dedicaba a hacer de guía local, claro está que sin título ninguno, era de aquí y eso es lo único que cuenta como en muchos otros países. Éramos de los escasos guiris que se podían ver por aquí y más sin ir en grupo y él de los pocos “guías” que hablaba inglés. Nos divisó entre la multitud china y le saltó el radar de $$$, enseguida lo teníamos explicándonos una serie de lugares a los que nos podía llevar, a mi en realidad me vino de lujo, tenía pensado para el día siguiente salida por las aldeas de la zona, justo las que él me estaba nombrando pero no tenía ni papa de cómo iba a llegar a ellas, esperaba que me lo explicasen aquí pero visto lo visto que nadie habla inglés… decidí escucharle. El precio primero era muy elevado así que enseguida le di negativas y empezó a bajar pero no hasta lo deseado. Al final salió la opción de mismos lugares pero yendo a ellos en transporte público por el precio que yo tenía pensado gastar para ese día, así que aceptamos, mañana nos esperaba “manolo” nuestro guía por los alrededores de Lijiang por un día, teníais que haberle visto, menudo elementillo jeje.
Al día siguiente apareció con su mochila de nuevo según acuerdo él se debía hacer cargo de su comida, bebidas y transporte, pero yo la noté demasiado abultada, tras unas horas de tour y con la lluvia acechando de nuevo empezó a buscar en ella su paraguas. Al no encontrarlo, empezó a sacar botellas de plástico vacías de hace mil, una detrás de otra, por lo menos 8 y todavía le quedaban, jeje que tío el manolo, muchas veces soltaba gracias…
Primero fuimos a Baisha, una aldea a los pies de la montaña de Jade que nos gustó mucho. En ella pudimos apreciar de primerísima mano en varias escuelas como se trata de conservar con la herencia Dongba de los Naxis, una peculiar forma de realizar cuadros cosiendo con hilo de seda, un trabajazo. Os habíais preguntado alguna vez hasta en cuentas partes es capaz una Naxi de separar un filo hilo de esos que nosotros de lo fino que es no conseguimos a veces ni pasar por el agujero de la aguja? Hastalas 250!!! en un momento delante nuestra empezó a dividir el hilo y yo me quede flipando. Hacen cuadros sobre una sola tela con dos imágenes totalmente diferentes una a cada lado, un arte total. Además de proseguir por sus calles, fuimos a ver la casa del Doctor Ho. Un anciano chino de ya 91 años que danza como si tuviera 60, donde nos pudimos reunir con él y apreciar su manera de trabajar con las hierbas chinas. Puede usar unas pocas más de 2000 tipos de hierbas y ha sido objeto de artículos en revistas o programas de tv alrededor de todo el mundo por curar casos de personas que eran supuestamente imposibles.
Luego Manolo se paró a comprar un buen trozo de carne en una moto que pasaba con una buena pieza. Ale a negociar y para la mochila el trozo de carne comprado en mitad de una calle a las afueras. Después de que Manolo hiciera según él “pipi” una de las que estaba comprando carne también, nos invitó a ver su casa y su futura nueva casa que se estaba construyendo justo detrás. No podíamos comunicarnos ya que ni ella ni su marido hablaban inglés ni por asomo, eran de las afueras de una aldea pero con los gestos nos basto, que buena gente. Un señor mayor, nos invitó a beber alcohol (anís) producido por él mismo, uff yo de solo olerlo me dejaba claro lo fuerte que iba a estar, Edu se atrevió con ello y luego le quemaba todo jeje. De ahí a un templo muy auténtico en la montaña … que me gustó mucho pero luego Manolo nos intento liar para comer en un sitio que se llevaría creo yo comisión, ya se lo advertí que no queríamos ni eso ni shopping. La lluvia se acrecentó y al final hablamos con Manolo para dar como concluido el día, otro día bien aprovechado y esta vez conseguimos mezclarnos bastante con ellos que es lo que a mi más me gusta.
Tras Lijiang, ciudad donde hemos pasado frío por la escasa ropa de abrigo que nos habíamos traído, ahora nos vamos a Xian, los Guerreros de Terracota esperan!

 

 

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