BEIJING

Tras nuestro último tren, esta vez a pesar de viajar de nuevo de noche no pudimos ir en literas, estaban totalmente agotadas así que nos tocó asiento normal. No pasaba nada, era el último y se avecinaba la gran muralla, teníamos ganas. Lo que no imaginamos era lo que nos vino encima. Os prometo que nunca había visto nada igual, ni si quiera en la india en ninguna de mis dos estancias allí. Intentamos entrar al vagón y ya solo acceder a él nos costó de la gente que había en la parte de fuera del mismo, cuando pasamos vimos que aquello de fuera no era por casualidad, la apariencia del vagón parecía la salida de un concierto donde la gente se deja caer donde puede. No sé cuántos asientos tendría el vagón pero desde luego la gente que había allí lo superaba con creces. Tiramos hacia adelante sorteando a gente colocada de todos los tipos que os podáis imaginar, hasta durmiendo debajo de los asientos… evidentemente no se veía ni un hueco libre así que yo ya me aveciné que nuestro asientos iban a estar ocupados. Cuando llegamos a ellos tan solo con señalarlos, los chicos que los ocupaban enseguida se levantaron, sabían que ellos no los habían pagado Vaya panorama, desolador. Aquello me dio muchísima pena. A la conclusión que llegué fue que lo que hacen en esos vagones son vender los billetes de asientos a un precio y luego otros tantos muy baratos pero para ir de “pie”, superando claramente el número de personas que deberían ir en ese vagón porque no cabía ni un alfiler y ver a madres jóvenes con sus hijos por el suelo es una imagen que no podré olvidar nunca y como no me ha gustado nunca cuando han sacado este tipo de imágenes en los medios, yo no subiré ninguna de este trayecto por respeto a ellos. Los minutos tardaban mucho en pasar así era imposible dormir, tan solo podía pensar y recapacitar sobre la situación.
Por fin llegamos a Pekin, eran las 5 de la mañana así que teníamos todo el día por delante. Fuimos en bus hasta el hostel, check-in, supermercado, desayuno y a dar una vueltecita por el parque más conocido de la ciudad, el parque que alberga el Templo del Cielo, considerado como el más bonito de la misma y sí, es muy bonito pero a mi me gustó mucho más lo que me encontré en el parque, diferentes grupos de gente, algunos todos de mujeres, otros de hombres y otros mixtos que practicaban alguna actividad típica como taichi, yoga, tocar una flauta, bailes… me podría haber pasado horas observándoles y disfrutando de estas costumbres chinas tan naturales.
El calor empezó a apretar cosa mala como la mayoría de días así que nos fuimos a descansar un poco, nos esperaba la Ciudad Prohibida, plaza Tiananmen… y había que llegar con fuerzas.
Lo que me sorprendió de Pekin que las entradas eran mucho más baratas que todo lo hasta ahora visto a pesar de muchas de ellas tener mucha más importancia como por ejemplo la Ciudad Prohibida. Complejo que alberga 980 edificios, os podéis hacer una idea de su extensión. Ha sido el hogar de 24 emperadores hasta que en 1912 abdicó el último, estando más de 500 años prohibida para la gente de a pie solo para el disfrute de sus emperadores. Colocarse en una de las esquinas y admirar su grandeza a la vez que avanzas por sus laterales te lleva hasta la inmensidad y es mucho mejor que pasear por el medio de la misma donde todo se divide. Tan grande es que ni la masa de chinos se aprecia apenas a excepción de cuando pasas de un patio a otro donde el paso se estrecha en sus labradas puertas.
De la ciudad prohibida a la plaza Tiananmen, la más grande del mundo y famosa por la gran tragedia estudiantil que vivió hace ya unos años cuando tanques del ejército pasaron por encima tal cual a estudiantes que simplemente se manifestaban, no sé si os acordaréis. La plaza alberga en su centro el mausoleo de Mao. No os quedéis al cambio de guardia, menudo rollazo, una hora y no hicieron nada de nada, quietos como estatuas. Lo mejor es pasear por las callejuelas que transcuren por la parte trasera de la Ciudad Prohibida hasta la plaza donde te ofrecen unos polos de hielo por 1Yuan increíbles. Pero lo que más nos preocupaba era como ir al día siguiente hasta la Gran Muralla. En el hostel nos habían ofrecido un pack y por las calles cerca de la plaza también, que si en bus, que si en coche privado… pero a mi no me convencían. Yo quiero ir por mi cuenta tranquilamente y estar el tiempo que me de la gana en la Muralla, sin prisas y sin chinos. Además cuando vas en grupo a la Muralla te suelen llevan a la parte más cercana de Pekin, osea el trozo de Balading y yo no quería ir a esa, no quería masas así que de nuevo a investigar en internet, quería ir a Mutianyu y aparentemente no era difícil de llegar así que acabamos yendo como siempre por nuestra cuenta y al modo económico jeje.
El metro, un bus que resulta que ese número estaba temporalmente sin servicio por lo que nos tocó coger otro que te dejaba cerca del otro… tardamos unos 20′ más con un par de quebraderos más que yendo con los grupos de excursión pero mereció mucho la pena. Llegamos a Mutianyu a las 9 y algo, nada mal. Compramos la entrada que subes en teleférico y bajas en tobogán, sí, puedes bajar en tobogán desde la propia muralla hasta abajo de la montaña, estos chinos… estuvimos 5 horas y algo recorriéndola, si hubiéramos venido en grupo hubiéramos tenido solo sobre las 2h para disfrutarla así que acierto total el nuestro, además estaba prácticamente vacía!. Primero hacia un lado y luego hacia el otro, pues no tiene escaleras ni nada la murallita que va. Que pasada, que vistas, que profundidad, la muralla se alejaba hasta que la vista ya no daba para más. La podías ver cómo continuaba por la cresta de las montañas alejadas, que barbaridad, lo que tuvo que costar construir esta maravilla. No nos cansamos de ir hacia un lado y luego hacia el otro, cuando la gente se giraba para volver y bajar, nosotros seguíamos más y más preguntándonos hasta dónde hubiéramos podido llegar jeje. Sin duda ha sido el viaje que más escaleras he subido. La muralla no transcurre con suelo horizontal si no que en muchos tramos vas un poco de lado a la vez que subes jeje situada este tramo sobre unos 1000 metros de altitud, a lo que se le suma el gran calor, el sol, las escaleras… no hay persona que no se pregunte cómo narices estos chinos podían ir por aquí como Pedro por su casa, estarían muy fuertes, y en invierno el frío… pero seguro que está preciosa bajo el manto de la nieve. Por uno de los lados pudimos legar hasta donde empieza un trozo de la muralla antigua donde la parte del lateral está intacta pero la parte de su centro está invadida por las plantas y la tierra pero se puede recorrer y disfrutarlo un rato.
Se dice que la Muralla es el único monumento construido por el hombre que se ve desde la Luna, yo no lo sé, pero puedo decir que pasear por ella es increíble yeso que solo recorrí unos pocos kilómetros de los miles por los que se extiende.
Tras nuestra vuelta paseamos un rato por el centro financiero de Pekin, mucho más bonito el de Shanghai, de ahí en busca del barrio musulmán que no vale para nada, ir si podéis al de Xian El complejo olímpico con el Nido y el Cubo encendidos y ya a cenar de nuevo al “restaurante” de nuestra amiga. La noche anterior dimos con uno cercano a nuestro hostel donde la dueña nos acogió muy bien por lo cual sin pensar al mismo. No sabía español pero e

 

 

 

 

 

 

ntre las fotos de los platos… nos entendemos. Lo único que no sabíamos era tomate (natural) así que la señalé que me siguiese y me la llevé a varias tiendas en busca de tomete para decirle “esto es tomate” jeje, para volver me cogió de la mano para cruzar la calle jeje.
De nuevo otro viaje más concluido, una aventura más vivida, una gran experiencia, mucho aprendizaje general y personal, personas, lugares, costumbres… todo se queda conmigo. Ahora a trabajar duro y preparar la siguiente.

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