Archivo mensual: agosto 2014

PARQUE NACIONAL DE ZHANGIAJIE. ROBADA POR UN MONO

Zhangiajie es una ciudad situada entre montañas que en si no tiene nada que ver a excepción de un par de templos supongo como el resto de ciudades chinas pero no elegí esta ciudad por eso si no por su entorno natural, declarado todo en si Patrimonio de la Humanidad por la HUNESCO.
Antes de embarcarnos en nuestra primera excursión por estos parajes debíamos cerrar un par de billetes de tren que nos faltaban. No se os ocurra venir a china sin tener los billetes de tren de vuestros trayectos reservados desde casa. Si buscáis en google en inglés, enseguida os salen varias páginas donde podéis realizar la reserva tanto de trenes como de vuelos internos, los grandes problemas, que en la mayoría no te dejan reservar con más de 20 días de antelación los billetes de tren por lo que tienes una tensión dentro de si conseguirás o no billetes hacia ese sitio que te condiciona el resto del viaje hasta que los vayas confirmando. Pero buscando y buscando, encontré una en la que sí pude reservar con un mes y poco de antelación, el gran problema, que no puedes reservar más de 5 trayectos vía online si eres extranjero, así me lo confirmó Wang, el chico de esa agencia con el que tantos mails me había venido enviando sobre los trayectos de tren, así que nos quedaban dos trayectos por reservar, los dos últimos: Pingyao – Datong, Datong – Pekin. Según lo que me había dicho Wang, estos debía ya comprarlos aquí en persona para que volvieran a verificar mi pasaporte y visado. Así que lo intentamos en las máquinas que había en la estación de trenes de Pekin pero no nos aclaramos porque no nos dejaba escoger otros orígenes de trayecto que no fueran Pekin. Lo volvimos a intentar en Shanghai, esta vez en taquilla porque no quería dejar pasar más tiempo dado que aquí los trenes enseguida se llenan y te quedas sin billete. En el albergue le había pedido a la chica de recepción que me escribiera en chino la información de los dos billetes que quería adquirir, se lo enseñé en el ordenador y así lo hizo. Le enseñé los papeles al único chico en taquilla de Shanghai que hablaba un poco inglés (pone un letrero en el cristal) pero me dijo que no quedaban así que como ya estaba a punto de salir nuestro tren, decidí dejarlo para cuando llegásemos a Zhangiajie. Siempre es mejor consultar a los dueños de los hoteles…donde os quedéis así que así lo hice y muy amablemente nos acompañó hasta una establecimiento donde vendían billetes de tren, en estos países de oriente suelen comprarse los billetes en estos establecimientos perdidos por las calles por eso mejor preguntar en la recepción de vuestro alojamiento porque si no, es muy difícil encontrarlos. Le mostré los papeles con la información en chino y efectivamente de nuevo me volvió a decir que no quedaban asientos ni literas en ninguna de las tres categorías así que miramos para el día siguiente a primera hora y ya pudimos comprarlos, eso sí retrasando un día el resto de planificación del viaje, no pasaba nada porque para Pekin habíamos reservado 4 días que eran para mi gusto demasiados, prefería perderlos perdida por pueblos… que en la ciudad. Ya con los billetes en mano y habiéndome quitado un peso de encima solo quedaba enviar un mail al del hostel de Pekin para reajustar nuestra reserva, reservar una noche en Pingyao y otra en Datong, pero eso era fácil.
Directos, nos fuimos a coger el bus que nos llevaba a l Parque Nacional de Zhangiajie, conocido por el parque Pandora (en mundo imaginario de la película de Avatar). Se dice que la película fue inspirada en este parque y después de haber pasado por él, puedo afirmarlo. Que pasada de lugar, grandes trozos de roca se alzan hacia el cielo desde el suelo cientos de metros, separados unos de otros convirtiéndolo en algo espectacular de ver. Los caminos que uno puede recorrer dentro del parque están muy bien acondicionados, pero prepararos para subir y bajar cientos y cientos de escaleras. Nosotros siendo deportistas de aupa hubo momentos en los que tantas escaleras y tanto calor hizo que nos tuviéramos que tomar unos momentos de descanso, ahora bien, el ritmo que llevábamos tampoco era el de ellos, le pillamos gustillo a eso de bajar y subir yendo de un lado al otro después de las calles de la ciudad de Shanghai y casi casi íbamos corriendo de un lado a otro, los chinos, se nos quedaban mirando impresionados, la gran mayoría de ellos lo estaban pasando realmente mal, algunos subían las escaleras ya a cuatro patas (apoyando las manos jeje). Los chorretones de sudor que se les caía por la cara me hacían mucha gracia jeje. Pero es que a quién se le ocurre ir a un sitio así arreglado, estos chinos van a todos los lados muy arreglados, consecuencia, muchas mujeres acababan andando descalzas con los tacones en la mano.
En el parque tenías que tener cuidado con los monos salvajes, el problema está en que se han acostumbrado a que la gente les tire cosas para comer, tanto que yo vi hasta uno abrir un polo y comérselo cogido del palo. Pues bien, estando en uno de los miradores a punto de hacernos una foto y sin monos alrededor a simple vista, de repente apareció uno y enganchó mi bolsa de la cámara de fotos, yo salí decidida detrás de él a lanzarme a por él pero unos chinos que habían me frenaron y tuve que ver como el mono cabrón se adentró en el frondoso bosque con mi bolsa, que en si no me importaba nada, pero al haber venido directos de comprar los billetes de tren, tenía dentro los mismos con todo mi dinero ya que no sabía lo que nos iba a costar y la entrada al parque no era barata. Así que flipando en colores m fui corriendo a buscar a un trabajador del parque para que se metiera en el territorio de los monos que ahora ya eran unos pocos allí sumada a la expectación que habíamos creado en un momento. Con señas me traje a uno corriendo hasta el lugar del incidente y se metió a por la bolsa pero los monos le atacaron un poco así que se fue corriendo, no quería saber nada, aún así la recuperó pero el mono cabrón la había abierto y había cogido mi cartera y la había dejado caer desfiladero abajo, desde arriba ni se veía. Así que sin un mísero Yuan y sin billetes de tren, un grupito de chinas que sí sabían inglés me preguntaron si la cartera tenía mucho valor y evidentemente después de haberles dicho lo que llevaba, se fueron a buscar a alguien más del parque que sí se atreviera a bajar a la zona. Pasados ya más de 10′ y con la zona más calmada de gentío y monos, aparecieron las chicas con dos hombre y sus dos tirachinas, empezaron a bajar para abajo, de nuestro campo de vista uno desapareció de lo inclinado que estaba aquello, pero sí veíamos al otro como lanzaba todo el rato piedras con el tirachinas, vamos que disparaba a los monos para que no le atacaran al otro mientras buscaba la cartera, finalmente después de unos minutos de suspense apareció el hombre con mi cartera en la mano!!! de nuevo volvía a tener dinero y billetes! Jeje desde ese momentos los monos ya no me caen tan bien. Pero puedo decir que el parque fue una pasada, el paisaje de rocas levantándose hacia arriba con plantas saliendo de las mismas hacia el aire fue impresionante, igualito que en la película de Avatar pero sin hombrecillos azules revoloteando alrededor.

 

Por la noche y mega reventados nos fuimos a cenar por los alrededores de hostel, la verdad es que la zona era muy tranquila y llena de sitios típicos chinos para elegir, al final, un plato de arroz mezclado con verduras riquísimo por 8Y (1’10 euros).

 

 

 

 

 

SHANGHAI – ZHANGIAJIE, 22 HORAS DE TREN

Nos esperaban 22h de tren hasta el siguiente destino pero esta vez teníamos cama en los vagones de literas de clase media. Pensaba que se me iba a hacer más pesado pero no fue así, el trayecto de casi 12 horas de Pekín – Shanghai se me hizo muchísimo más duro.
Éste, me pasó volando, durante el día, el tren parecía ser un mini pueblo, tenía mucha vida, dependiendo de la hora se podía contemplar de todo. Justo en nuestro compartimento de 6 literas abiertas, un niño chino de unos 3 – 4 años que no paró de comer hasta que llego la noche, que barbaridad, os prometo que lo que comió me lo como a yo en dos días. Desde luego los chinos están cambiando algo sus hábitos. En estos momentos se puede decir que comen mucho más que hace unos años, de echo, muchos de ellos ya tienen sobrepeso y con el tabaco paso lo mismo. Hoy en día los describen como fumadores compulsivos y es verdad, siempre están fumando en los espacios abiertos. En el tren, entre vagón y vagón, les esta permitido fumar.
La china que estaba en la litera de en medio, más de lo mismo, que barbaridad de comida que ingirió y que delgada estaba, y os aseguro que mucho de lo que comió no era comida del todo sana, pero de la comida os hablaré otro día.
Justo en frente de cada set de 6 literas, dos asientos plegables con una pequeña mesita sobre salen de la pared debajo de cada ventana. Es ahí donde cuando van llegando las horas de las comidas, todos, unos detrás de otros sacan sus víveres y se ponen a ello. Quien no se haya podido traer comida, no tienen problema, durante el trayecto no paran de pasar trabajadores con carritos para vender comida (platos, fruta e incluso juguetes) un pelín más cara que si la compras en los supermercados pero tampoco casi.
Mientras que la madre no para de gritar y de vez en cuando darle algún azote en el culo al niño de comilón de en frente mía que no para quieto y me está fastidiando el sueño, en otros compartimentos se juega a las cartas y es que en china jugar a las cartas y comer pipas es lo más de lo más. Pasillo arriba, pasillo abajo me entretengo viendo lo que sucede en cada compartimento, imposible aburrirse. Desde luego los grupos de personas mayores jugando a las cartas son muy graciosos. Bueno, y poses durmiendo… de todo tipo.
Cuando llega una parada en una ciudad importante que el tren para unos pocos minutos, la gente suele bajar a unos puestecillos que hay de comida de todo tipo, galletas, bebidas o hasta pollo/pato, de hecho el chico de los pollos o los patos porque eso lo tengo en duda ya que aquí el plato más famoso es pato laqueado pero lo que se llevaba la gente era mucho más pequeño que un pato, más que nada son huesecillos fritos porque ahí carne poca, se lo ponen en una bolsita de papel como hacen en el McDonals con las patatas y ale para dentro.
Aparte de los servicios, hay un cuartito denominado “drinking water” en el que hay una máquina que proporciona agua ardiendo. Está tan caliente que si quieres rellenar tu botella debes sujetarla con algún pañuelo o trapo porque si no te quemas los dedos, de hecho la botella se deforma totalmente y es que los chinos tienen cada uno unos botellines pero de cristal o plástico del duro, no botellitas de plástico fino. Agua ardiendo que aprovechan para acabar de cocinar unos envases de tallarines prefabricados que ya os comentaré.
Bueno, después de las 22h de tren hemos llegado a Zhangiajie, ahora toca encontrar el hostel.

 

 

 

 

SHANGHAI

Llegamos a la estación central de trenes, el metro estaba justo en ella como es típico ya en la mayoría de estaciones de trenes. En un momento nos vimos rodeados de cientos de chinos que a pesar de la paciencia que tienen para muchas cosas, en ese momento parecían ir a la carrera, así que como era nuestro primer contacto con el metro chino, decidimos descartar las máquinas auto-expendedoras y fuimos directos a taquilla con la calle del Hostal escrita en chino. No fue difícil llegar al Hostal (Red Blue Mountain), una vez entras las lineas están muy bien indicadas y las paradas están escritas también en inglés. Cuando salimos del metro me alegré de ver dónde estábamos, parecía que habíamos acertado con este hostal, ya que a simple vista debíamos estar en pleno centro. Salimos a la calle que en Valencia vendría a ser la calle Colón y en Madrid la Gran vía, toda ella llena de conocidas marcas de tiendas de ropa… nuestro Hostal estaba situado justo al girar por la primera callecita a la derecha.
En el mapa parecía estar todo lo que había que ver bastante cerca unas cosas de otras, así que a andar. Llegamos a la zona del Bund, zona pegada al río que está plagada de edificios coloniales herencia británica, con algunos franceses. Nada a envidiar al edificio de correos, banco España… de Madrid, o muchos edificios NewYorkinos. Justo al otro lado del río el distrito financiero (Pudong), la imagen más conocida de la ciudad, la skyline, donde se encuentra la bolsa, la torre Oriental Pearl… . El paseo que uno puede realizar a lo largo de la orilla del río es muy largo y en el mismo no paras de pasar por imponentes Skylines, rascacielos. Yo juraría que Shanghai tiene ya bastantes más rascacielos que Manhatan. Muy curioso es ver como por el río mezclan el paso barcos de carga, pescadores… con grandes barcos turísticos.
Luego nos fuimos en busca de la Old City, la ciudad vieja. Un arco chino ya nos da la bienvenida, un gran entresijo de calles algunas muy estrechas otras bastante anchas repletas de chinos y algunos guiris como nosotros deambulando al parecer sin destino. Repleta de bazares, calles llenas de diminutas tiendas con todo tipo de artesanías… tiendas más grandes, muchos puestos de comida china muy rara… todo ello entre casas antiguas chinas como las de las películas. Si buscas bien, entre las callejuelas se encuentran varios templos, entre ellos el de Confucio, donde tan solo te piden 10Y por entrar (1e = 7Y apróx. Después de haber restado la tasa de cambio de divisas). En los templos puedes apreciar la gran cultura budista mediante las grandes esculturas de Buda, de dioses transformados, guerreros…
Aconsejo salirse de la ciudad antigua para comer de plato si es lo que se desea, dentro de ella el precio del plato está sobre los 25Y (no llega a los 4e) y fuera una comida para dos te puede salir por menos de 2e si sabes donde meterte. Nosotros solemos meternos donde vemos a muchos chinos comiendo, si comen ellos debe ser porque está bueno y es barato no?. En casi todos tienen dibujos de los típicos platos chinos; arroz con algo de pollo/carne al estilo chino, noddles (diferentes tipos de espaguetis), bolitas blancas cocidas rellenas de carne o vegetales… muchas veces las imágenes vienen también con el precio pero muchas otras no. Así que le señalamos los platos y enseguida los teníamos sobre la mesa, pero nos trajo uno de más, le dije que este no lo queríamos que eran solo los otros dos y la chica nos lo quiso colar porque solo se reía y se fue sin recogerlo, así que lo aparté a un lado para que pillase la indirecta y se lo llevase y así lo hizo a los pocos minutos. Visto lo visto que nos la quería clavar la chabala, a la hora de pagar sin preguntarle cuanto era, directamente le dimos solo un billete de 20Y como había visto que anteriormente le daba una chica a nuestro lado, a la que le devolvieron. Si sueles preguntar precio es cuando te lo pueden inflar porque perciben que no tienes idea. Le dimos el billete y nos devolvió 5Y así que marchando, perfecto, comida caliente de plato por 2e los dos. Las bolitas blancas rellenas de un poco de verduras y carne me están encantando. En España también las venden en los restaurantes chinos pero son muy caras, cada una te puede salir por 1’5e y aquí por ese precio tienes 16.
El calor aquí es insoportable, cada dos por tres tienes que estar bebiendo agua menos mal que en cada esquina hay pequeñas tiendas de bebidas, los precios tampoco varían tanto, en los supermercados que es donde está todo más barato encuentras botellas desde 1’50 (inos 20 céntimos) Y en tiendas en zonas de calles conocidad pueden ir desde los 2 hasta los 3 ó 4Y pero no más. Parece que todo el mundo vaya en busca de la sombra jeje, los helados van que vuelan, hay muchos puestos de ellos. Me llama mucho la atención el que más se ve, el verde que es el de Té verde.
Después de una buena ducha en el Hostel y un pequeño respiro para coger fuerzas tras las dos noches sin apenas dormir, volvimos a salir a vivir un poco la noche. Cenamos en la Ciudad antigua al modo chino, osea, ir de puesto en puesto pidiendo algo que viene pinchado en un palo o envuelto en un papel y comiéndotelo de pie entre el barullo del gentio. Impresionante la variedad de cosas raras a elegir, Edu fue muy valiente y se atrevió con una especie de pajarito a mi vista calcinado porque eso no tenía nada de carne nada más que huesecitos, yo fui más cauta y como siempre recurrí a lo que viene ser algo de pan jeje que nunca falla ni me da problemas de estómago. Luego compramos unas bolitas, esta vez rebozadas que no sabíamos de que eran porque el tio no hablaba tampoco inglés pero resultaron ser bolitas de cangrejo muy ricas.
Por la noche la ciudad antigua está muy pero que muy animada y toda ella iluminada muy bonita, en una de sus plazas se encuentra el puente de los 7 zig-zags, hecho así para que no pudiesen pasar los malos espíritus y debajo del mismo un embalse precioso. Las tiendas prácticamente no cierran hasta las 22h y algunas más tarde como la dirigida a lo que en españa se conoce como “friquis”, una tienda especializada en figuras, peluches y obsequios de todo tipo de personajes de comics, dibujos y películas conocidos como Superman, Spiderman, Doraemon, Novita, “Songoku”, las Tortugas Ninja, los Hombre del “Zodiako”, los Power Rangers… y ninguno de ellos barato, sin duda la tienda que más me gustó por su originalidad de cosas y su diseño.
Y para acabar la noche, un fantástico paseo por la zona marítima del Bund iluminado al estilo clásico con la zona financiera al fondo, iluminada de la manera más moderna posible. Grandes carteles cambiantes publicitarios aparecían en las fachadas de los rascacielos, y la torre iluminada también muy futurista, hacían de todo ello un escenario que había que inmortalizar sin duda, que bonito. Tan bonito, que la noche siguiente nos compramos en uno de los tantos puestos deambulantes que se empiezan a encontrar en las esquinas a partir de las 17’30 de la tarde la cena y nos la comimos sentados en el paseo con la espectacular panorámica de fondo como hacen muchos, un plato de arroz con verduras salteado hecho en 15” de lo caliente que debía estar esa sartén e incluyen los dos palitos, todo por 10Y (1’30e). Eso sí, advierto que por el paseo no te encuentras a unos cuantos no, cuando cae la noche el paseo se llena de una masa de turistas chinos que no dejan apenas hueco para avanzar, parece la noche de la crema en valencia, solo ves cabezas y esta vez prácticamente todas de chinos ya que aquí en China el principal turismo y con mucha diferencia es el nacional, casi no se ven “guiris”, yo creo que una de las causas es la difícil comunicación con ellos, no puede ser que un país con tanto por ver no tenga trabajadores en puestos públicos que hablen un mínimo de inglés.
Al día siguiente decidimos salir a correr temprano antes de que las calles se llenasen de gente y el calor apretase, así que a las 7 ya estábamos corriendo por el paseo y lo que más nos sorprendió a parte de la gran humedad fue que nos cruzamos a muchos “guiris” corriendo, parece que los occidentales en Shanghai nos levantamos con el mismo pensamiento, no podemos vivir sin correr y los chinos sin el Tai-chi porque estaban también por todos los lados.
Otra de nuestras visitas fue al Museo de Shanghai, pero es que yo nosotros no somos mucho de museos.

 

Después de dos días en una ciudad que me ha gustado mucho nos disponemos de nuevo a ponernos la mochila a la espalda y salir hacia la estación de trenes para llegar a Zhangiejie donde sobretodo un altercado con un mono estuvo a punto de cambiar el rumbo de todo nuestro viaje en el cuarto día del mismo.

LLEGADA A CHINA

 

Acabada la temporada 2013/2014 con el Cto. de España en Alcobendas el sábado a las 22h, el domingo por la mañana partíamos hacia Pekin desde la T4.
El primer vuelo corto, hasta Londres, el segundo… ese ya se hizo duro. Unas 15h de vuelo con los rectos asientos de los aviones y encerrados por otro pasajero que tan solo se levantó dos veces, dos veces que aproveché para levantarme a estirar las piernas un poco.
Ya con las mochilas nos dispusimos a buscar el autobús que nos llevase a la estación sud de trenes (si vaís tener en cuenta de cuál sale vuestro tren porque en china en las ciudades grandes siempre está la estación Norte, la central y la Sud). Después de una hora casi y media por culpa del tráfico, llegamos. Mochilas a consigna y a comer, no pensamos mucho, entramos en una cadena de comida rápida china donde el menú te sale más o menos por unos 4e.
Ya cuando fuimos a comprar los billetes de bus nos dimos cuenta de que la comunicación en inglés iba a ser un tanto imposible. No había manera de encontrar casi chinos que dominasen aunque fuera un poco el idioma británico. Así que diccionario en mano y recordando mi año de chino, le pedimos lo que queríamos para comer y no fue tan difícil, lo sorprendente fue cuando vi que mi vaso de agua hervía. Me han puesto el agua ardiendo con el calor que hace, estos están locos! Pensé. Acabamos la comida y todavía seguía quemando, Mala suerte porque en china es raro también la comida que no lleve picante, tenía la boca que echaba fuego. A partir de ahora ya sabía que tenía que decir que el agua fría por favor.
Después de ir a taquilla para sacar los billetes de tren a Shanghai (previamente comprados desde España a través de una página china. Si no, olvidaros de moveros en los trenes que queráis porque se llenan enseguida), nos fuimos a dar una vuelta por los alrededores de la estación hasta que fuera la hora de la salida.
No os podéis imaginar lo que nos costó salir de la estación, parecía que no había salida, después de dos vueltas por dentro a la misma ya me fui a preguntar a los trabajadores que veías en las entradas, porque yo estaba flipando, qué pasa que aquí entras y no sales o qué. De nuevo me tocó sacar el diccionario y señalares los símbolos de salida en chino porque ninguno a pesar de trabajar en puestos de trabajo cara al público y en un lugar que los turistas deben ser frecuentes, sabían nada de inglés, ellos tan solo se ríen entre ellos cuando les preguntas y no saben lo que les preguntas. Un chico nos acompañó a unas escaleras escondidas en uno de los laterales, madre mía, para encontrar la salida, como para verla.
Ya fuera nos fuimos en busca de un supermercado mientras paseamos un poco a través de algunas calles llenas de tiendecillas y puestos ambulantes típicos. Nos esperaban casi 12h de tren hasta Shanghai. Así lo habíamos decidido, nada más llegar a Pekin, tren nocturno y empezamos ruta, así como el vuelo de vuelta sale de nuevo de Pekin y al final del viaje será cuando más cansados estaremos, dejamos la ciudad de la Ciudad Prohibida para el final.
En el supermercado ya nos entretuvimos bastante, que cantidad de cosas desconocidas para nosotros. Y mira que yo ya he viajado por muchos países Orientales y nunca me había encontrado por ejemplo con pato laqueado y descuartizado en bolsas de todos los tamaños y cantidades envasado al vacío (este plato es el más famoso de china), pero lo que más me sorprendió fue la enorme zona dedicada a mini pastelitos por llamarlo de alguna manera, donde siempre hay gente llenándose bolsas de ellos que luego pesan y pagan. Hay de todo, sobre todo de frutas y frutos secos. Al final 1 pan chino para los dos, 6’90 Y + 2 algo de jamón, 2’50 Y cada uno+ agua, 2 Y = 1’70euros, así que genial.
China dispone de una de las redes ferroviarias mejores del mundo así que raro es la ciudad que queráis ir y no se llegue en tren. Hay trenes que de lo grande que es este país que pueden durar hasta 24h o más seguidas sin hacer transbordos.
Para entrar y salir de cualquier estación dedicada a medios de transporte se debe pasar controles de seguridad, así qué otra vez a pasar por el control para entrar a la estación jeje. Los tickets de los trenes en china tienen 3 posibles categorías, el asiento normal (segunda clase), las literas de 3 de colchón duro sin puerta que separe los compartimentos de 6 (clase media) y las literas de 2 de colchón blando con puerta que separan los compartimentos de 4 (clase alta).
Nuestro billete a Shanghai después del viaje Madrid – Pekin, iba a ser en segunda clase, osea en asientos normales, eran de nuevo casi otras 12h sentados pero el precio del tren entre estas dos capitales es de los más caros así que como iba a ser el primero y hay que probarlo todo, fuimos valientes. El resto de trenes que nos esperaban ya iban a ser Hard Slepp, osea en litera de clase media.
Así que tras miles de kilómetros por fin desembarcamos en nuestro primer destino, Shanghai.