LLEGADA A MANAOS. AMAZONAS ESPERA

Tras 17 horas de vuelo repartidas entre diferentes escalas, llegamos a Manaos. Ésta vez nada de con mochila y a lo loco como acostumbro, ésta vez mi amigo Abraham me estaba esperando. Lleva aquí ya cerca de los dos años trabajando para Mais Medicos a través de una beca del MEC. Llevaba ya mucho tiempo tratando de venir a visitarlo, conocer el Amazonas para mi era algo soñado.
El clima ecuatorial, es asfixiante desde las 7:30h hasta las 17h así que aprovechamos para visitar el Mercado Central e inflarnos a fruta fresca, paseo por el centro… A pesar de ser mi primer día aproveché un hueco que tuvimos al final de la tarde para realizar mi primer entrene y así tratar de encontrar alguna zona buena para realizar mis entrenes. Tras un buen rato di con una zona universitaria que me yendo y viniendo lo saco. Porque aquí el tráfico es muy denso y loco, las calles estrechas y sin acercas en muchos sitios, la gente no está acostumbrada a la cultura del deporte.
Ahora soy la rubia loca que corre por las calles de Manaos a la que todos se le quedan mirando, Acabamos el día con una barbacoa de pescado en casa, muy típico de la zona y a la cama pronto porque al día siguiente había que madrugar, a las 8h habíamos quedado en partir hacia las Cachoeiras, Grutas y Cavernas, y yo antes, tenía que entrenar.
Empieza el día, entrene pasado por fuerte calor y alta humedad que a las 6:30 de la mañana ya te mata. A pesar de ello divertido, tras el rodaje de ayer, hoy tocaban unas series de 400 que realicé con el Gps en la única recta medio digna que había encontrado para ello, la de entrada a la Univ. Los alumnos que entraban se quedaban sorprendidos pero la verdad es que yo también, ¿qué pasa que aquí nadie corre? Jeje pues no, se ve que no. La gente no presume de cuerpos atléticos, eso es para la zona de Río de J.
Llega nuestra primera excursión. Llegamos a Territorio Presidente Fidereido, nos hicimos con un guía local y para la selva. Que maravilla, dejas la carretera y tras el primer paso entre la primera fila de árboles los intensos rayos de sol desaparecen, la temperatura se vuelve agradable y un frondoso enramado de árboles y plantas se van abriendo ante el machete de nuestro guía para ofrecernos paisajes de cuento. Por el camino, varias cascadas, grutas y cuevas, algunas secas otras con agua por las que para avanzar tienes que sortear naturaleza en estado puro. Un par de veces fueron las que nos tocó sortear una zona de hormigas en las que un apoyo en el suelo más lento de lo óptimo te podrían haber llenado de hormigas, también tuvimos la suerte de pisar una serpiente “pequeña” pero no por ello menos peligrosa -tranquila, tranquila, no te muevas tienes una serpiente debajo, cuando yo te diga levanta el pie rápido sin moverte tú- y la serpiente fue vista y no vista.
Impresionante ver como tras minutos y minutos caminando entre la frondosidad de la selva, de repente aparece una gruta enorme con cascadas y hasta mini playa, vamos, paraísos que le recuerdan a uno la época del jurásico que además tuvimos la suerte de disfrutar en soledad por ser entre semana, ya que los brasileños, los fines de semana acuden en masa a estas maravillas para aliviarse del calor.
Poder bañarte, refrescarte o tumbarte un momento y disfrutar de ese entorno es una pasada, te sientes como un alfiler que se ha perdido en un pajar.

 

Ese contrastes de verdes, de alturas, de texturas… del Amazonas, sin duda me ha cautivado.

 

 

 

 

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