MANAOS Y TERRITORIO NOVO AIRAO

Justo tras llegar de rodar empieza una fuerte tormenta que hace que cambiemos los planes previstos de irnos hacia Territorio Novo Airao, su carretera es larga y está llena de agujeros bastante grandes, no merece arriesgarse. Decimos quedarnos en la ciudad. Bien merece la pena dedicarle un día a Manaos, capital del Amazonas. Una ciudad que en su día fue puro esplendor, hoy en día todavía es principal centro financiero de la Región Norte de Brasil. Está localizada en el centro de la selva tropical más grande del mundo. Que decir, que evidentemente es la ciudad más poblada del Amazonía con un poco más de 2 millones de habitantes. Su auge vino a partir del caucho que hoy en día ya no se trabaja. Sin embargo, actualmente la refinería de petróleo aunque difícil de creer en ese lugar, es uno de sus principales motores económicos junto con el turismo. Ciudad en la que debido a su historia, solo se habla portugués, no aconsejaría venir a ella y por consiguiente al Amazonas si uno no se defiende en ese idioma o viene acompañado de alguien que sí lo haga.
El nivel cultural es muy bajo en la ciudad y casi nulo en las diferentes colonias que se extienden a lo largo de la selva en la que la única educación que se ofrece, es la que algunos profesores dispuestos a esos largos traslados en lancha ofrecen visitándolos.
El centro de Manaos hoy en día está bastante abandonado, muchas de sus principales casas coloniales se encuentran bastante deterioradas y parece que nadie hace nada al respecto. Una pena porque aún así se puede apreciar la belleza de todas esas construcciones que en su día hicieron de Manaos una gran ciudad colonial. Las casas todas coloridas, rosa, amarillo, azúl… aunque todas piden a gritos otra pasada de pintura que les devuelva la vida que un día tuvieron. Mercados por todas partes, el municipal donde está el de la carne, el pescado (y vaya que pescados), el de la banana (menudos montones de bananas)… El la plaza central, el gran Teatro Amazonas y un sin fin de locales donde tomarse algo que los fines de semana al atardecer cobran una vida especial ofreciendo al visitante música latina en directo… hubo un momento que pensé estar en Cuba mientras disfrutaba de ver bailar a un montón de parejas salsa como solo ellos saben, así son los latinos jeje.
Uno de los lugares que más me gustó de los que visitamos, fue la Universidad del Amazonas, un enclave estudiantil introducido en plena selva, un entorno único para cultivar la mente que incluso tiene unas pistas de atletismo de tierra, la verdad es que ya me hubiera gustado a mi estudiar en una Universidad así. También podéis visitar el museo Musa y así entender un poco más su historia.
Pero desde luego medo con la peculiaridad de las casas de madera construidas sobre la orilla del río, las barriadas de favelas, las largas calles y sus cuestas con aire a las de San Francisco.
Mochila hecha, hoy sí, nos vamos a Territorio Novo Airao. Llegamos tras casi 3h de coche por culpa de las malas condiciones que presenta su carretera, los agujeros en ella son continuos y no son para tomárselos a broma. A medida que pasan los kilómetros se nota un pequeño cambio en la vegetación, todo parece más salvaje.
Éste Territorio ocupa una extensión más grande que lo que viene siendo la Comunidad Valenciana, comprende los Parque Nacionales más bellos del Amazonas. paraíso para cualquier biólogo.
Primero vistamos una Fundación la cual se dedica a enseñar a los jóvenes de la zona a labrarse un fururo a partir de lo que podría ser los oficios de la zona atendiendo a los recursos que disponen. Me gustó mucho todo lo que allí hacen pero falta mucha cultura del esfuerzo, allí trabajar haciendo artesanía principalmente y cuando a uno no le apetece ir o cree que ya ha hecho suficiente se va a su casa, con los amigos… se conforman demasiado y luego a la vez exigen un desarrollo que no llegará hasta que primero cambien ellos.
Justo antes de partir al Parque Anavilhanas y Parque Jabu, la tormenta más fuerte que haya podido vivir nos ataca con sus fuertes rayos y rachas de agua. El ruido de los rayos te pone los pelos de punta, durante unos minutos parecían caer sobre nuestro hostel, tanto que uno de ellos así lo hizo. Pasará en 1h pensé yo, como todas las otras habían hecho pero está era más fuerte, nos retrasó nuestra salida en lancha 2h, bueno tampoco es tanto, lo importante es que hemos podido salir. Tras un largo rato en lancha llegamos a un apeadero donde otro sendero de ensueño nos espera. Éste todavía diferente al resto, el suelo todo lleno de una gruesa capa de hojas. Nuestro guía abre camino siempre, en una mano el machete y en la otra un palo bien gordo, árbol que ve, palazo que le mete para demostrarnos el grosor y rudeza de los árboles de la zona, que bestia el tío, si se aprecia a simple vista.
Que maravilla, que naturaleza, que contraste de tonalidades de colores, que entresijo de ramas, que variedad de árboles… y cuando uno pensaba que ya no podía haber nada más bonito llegamos a unas grutas de alucine, gigantescas piedras colocadas de mil maneras por las que avanzar dependiendo del tramo es más fácil o más difícil. Unos riachuelos nos acompañan y a veces algunos murciélagos también. Las raíces de los árboles son flipantes, algunos de ellos son tan gruesos que en su base ni 6 personas serían capaces de abrazarlo.
Yo lo siento, pero me llevo para mi casa unas cuantas semillas que he ido cogiendo del suelo, no lo he podido evitar me tenía que llevar conmigo algo de ese paraíso, hasta las diferentes semillas son bonitas.
Casualidad a nuestra salida de uno de los senderos, justo a la hora de la comida, apareció una familia indígena. Mira que bien, pensé, ya tenía yo ganas de juntarme con indígenas de verdad. Allí estaba el marido, su mujer mucho más joven y sus 7 hijas. Parecían simpáticos así que me dispuse a hacerme algunas fotos con ellos, en agradecimiento les di mi comida, total yo llevaba varios días con el estómago mal. Ese momento fue uno de los más especiales del viaje, cada vez que les preguntaba algo se reían jeje y las más pequeñajas hasta huían, aunque algún selfie se hicieron conmigo y luego entre miradas vergonzosas se veían en la pantalla de la cámara.
Acabamos visitando una zona donde se levantan unas rocas con una serie de grabados a dedo que son conocidas porque ninguno de la zona sabe cuándo aparecieron ni quién lo hizo.
Pensar que algo más del 20% de la reserva mundial de agua se encuentra ante mis ojos junto con el mayor pulmón del planeta… vaya tela, vuelvo a ser una privilegiada.
Muchas gracias por este viaje. De nuevo otra aventura que me ha regalado gran aprendizaje y mucho disfrute. Cuántos lugares esconde este planeta, verdad. Acabada ésta aventura ya pienso en la siguiente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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